Sin guardapolvos y desde una cama, los niños vuelven a clase en las tres escuelas hospitalarias

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Sin guardapolvos y desde una cama, los niños vuelven a clase en las tres escuelas hospitalarias

Marzo 02, 2017 - 21:29
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Cuando millones de chicos vuelvan a las escuelas para comenzar el ciclo lectivo, algunos reiniciarán las clases sin necesidad de vestir un guardapolvo o uniforme o moverse de la cama donde están, porque será la escuela pública la que irá a su encuentro.

“La escuela hospitalaria es un espacio educativo (oficial) que se va creando al pie de la cama del chico que durante un tiempo no puede ir a la suya de origen, y a partir de las necesidades que tenga”, dijo a Télam Patricia Guzmán, directora de la Escuela Hospitalaria N° 2 del Garrahan.
Actualmente, hay escuelas hospitalarias en casi todas las capitales de provincia, y en la Ciudad de Buenos Aires son tres los centros pediátricos del sistema de salud público que cuentan con un establecimiento educativo oficial: el Hospital Garrahan, el Hospital Ricardo Gutiérrez (la N°1) y el Hospital Pedro de Elizalde (la N°3).
La supervisora pedagógica de esta modalidad educativa en la Ciudad, Teresa Schmidt, explicó a Télam que anualmente pasan “un promedio de 800 a 1.200 chicos por cada una de estas escuelas”.

En el caso del Hospital Garrahan, el año pasado fueron 3.424 los niños, niñas y adolescentes que cursaron por algún período en su escuela, ya sea recibiendo atención temprana, educación inicial, primaria, secundaria, integración para educación domiciliaria o estimulación visual.
A las docentes de la escuela del Garrahan les cuesta pensar las diferencias con una escuela común, porque parte de su trabajo consiste en disolverlas.
“La diferencia estaría más que nada en el aspecto formal, porque no tenemos pizarrón, los chicos no visten guardapolvo y no tenemos aulas con 30 ó 35 chicos agrupados”, dijo Vanesa Bonavía, vicedirectora de la institución.
Es que las materias curriculares se dictan en las mismas salas de internación y por eso son individuales o, a lo sumo, si coinciden los niveles, de dos estudiantes, que es el número de camas por habitación.
En cambio, son grupales los talleres lúdico-expresivos que también ofrece la escuela, de los que pueden participar chicos internados con posibilidad de desplazarse hasta la biblioteca o la única aulita de la escuela, o aquellos con tratamientos ambulatorios.
“Los chicos tienen que estar autorizados por los médicos para agruparse por las normas de bioseguridad”, explicó Guzmán.
Por otro lado, estos hospitales no sólo reciben chicos todo el año sino que la inscripción se abre todos los días lunes y las duración de cada clase es muy variable porque “depende de la condición del alumno”.
“Hay chicos que hasta lo salen a buscar al pasillo al docente y hay chicos que no toleran más de 15 ó 20 minutos, porque se cansan”, contó Bonavía.

Otra particularidad de las escuelas hospitalarias es que deben hacer constantemente una doble articulación: con las escuelas de origen y con las domiciliarias porque muchos de los chicos que reciben el alta de la internación no podrán asistir por varios meses a la educación tradicional.
No obstante, muchas son las similitudes con las escuelas comunes. “Los contenidos son contenidos pedagógicos extraídos del diseño curricular vigente y por eso son los mismos que cualquier otra escuela sólo que adaptados de acuerdo a las necesidades de cada niño”, contó la también vicedirectora Andrea Acevedo.
Además, Bonavía explicó que “cada chico va al grado que le corresponde” y se dan clases todos los días a la misma hora. “También hay promoción y boletines, se toman exámenes y se hacen actos escolares”, agregó Guzmán.
Y como el objetivo prioritario de un hospital es restablecer la salud de los que allí se atienden, la sala de internación es un “escenario que se transforma (en aula) al lado del chico” porque la escuela allí es “una institución dentro de otra”.
“Cuando el maestro entra a la habitación, la internación pasa a ser el aula porque el maestro lleva la institución a cuestas con el guardapolvo puesto; pero el maestro hospitalario tiene que tener la flexibilidad para adaptarse a las interrupciones médicas”, explicó Acevedo.
Guzmán hizo hincapié en que la escuela hospitalaria “tiene en cuenta a toda la familia” de un paciente que tal vez viene de alguna provincia, con hermanitos que también pierden días de clases mientras estén lejos de casa o quizás también tengan que internarse para ser donantes.
“También se han alfabetizado padres que no han tenido ninguna experiencia escolar y no saben cómo administrar un medicamento o cómo leer una receta”, contó Acevedo.
Y aunque la finalidad principal de las escuelas hospitalarias es pedagógica, no dejan de tener un efecto terapéutico en los estudiantes porque "hay un proyecto de continuidad”.
“Con la escuela vuelve a ser niño y deja de ser un objeto de estudio de la medicina. Y eso implica un cambio en el estado de ánimo”, acotó Bonavía.
Al hacer su aparición por primera vez a nivel continental en el hospital Gutiérrez, en 1946, “esta modalidad, en cierta forma rompió con determinados aspectos del formato tradicional porque es la escuela yendo al alumno”, explicó Schmidt.

Fuente: telam