Lo complejo de la realidad

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Lo complejo de la realidad

Noviembre 26, 2015 - 18:40
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Si lo real siempre “es”, entonces algún dialéctico idealista diría que lo real es siempre cierto, por lo tanto es “verdad”, lo real es verdadero.

La realidad es el campo donde habita lo real, todo lo real forma parte de la realidad. Lo real parece ser siempre positivo en términos fácticos porque lo real “es”, lo real “está ahí”, asume una densidad de existencia concreta e incontrastable, lo que no es real “no es”. Si lo real siempre “es”, entonces algún dialéctico idealista diría que lo real es siempre cierto, por lo tanto es “verdad”, lo real es verdadero.

Pero, ¿qué pasaría si un concepto que se nos presenta y se define a sí mismo de una manera, irrevocable, irreducible e inmanente a la propia existencia, pudiese ser creado, diseñado y propagado por la lógica de la mercancía, por la lógica del mercado? ¿Qué pasaría si lo real estuviera también supeditado a la lógica del capital?

Un filósofo francés llamado Jean Baudrillard, nos hablaba de la muerte del mundo, parafraseando a Nietzsche, introduciendo la idea de la muerte de lo real, muere el mundo porque muere lo real. La revolución comunicacional que comenzó hacia principios de los 80 descolocó la lógica de lo real, los medios de comunicación masivos con claros intereses corporativos y empresariales se posicionaron como actores centrales en la “creación” de lo real, conquistado la subjetividad de las conciencias, influyendo en los imaginarios colectivos, en la idea del éxito, de la felicidad, del amor, de la muerte, del poder, de la política, y configurando así una trama cultural utilitarista, productivista, neoliberal. Aunque genere mucho vértigo y temor pensarlo estos medios representan la ventana hacia lo real, hacia la realidad, para la mayoría de las personas. Las ideas, pensamientos, preferencias, percepciones de las cosas y del otro son pergeñadas desde estos aparatos mediáticos que se retroalimentan a sí mismos imponiendo una lógica de comportamiento social alejada del pensamiento crítico, que deja a los sujetos en un estado de indefensión total respecto del contenido que consumen. Este fenómeno se complementa con la industria del entretenimiento y la estructura publicitaria, para apartar por completo al sujeto del camino del pensamiento, relegando sus incumbencias a cuestiones banales y superficiales del orden se lo farandulesco y lo material, lo que los deposita en un estado de la existencia que Heidegger llamaba la existencia impropia.

Por lo antes dicho vivimos en tiempos más complejos que cuando el general decía “la única verdad es la realidad”, ya que la misma puede ser diseñada desde las gerencias de contenidos de los grandes grupos mediáticos siguiendo el rumbo de sus necesidades corporativas. Quizás hoy más que nunca entendamos que, como dice Walsh, “la verdad se milita”, y se construye con ella también la realidad de la cual es espejo, algunos lo hacen con las armas del poder fáctico mediático corporativo, pensando en intereses personales y pudimos comprobar que pueden ser muy efectivos, pero nosotros no tenemos más remedio que hacerlo con las armas de la conciencia, del amor, del pensamiento, de la solidaridad, de lo colectivo, del coraje, en fin, de la política.

Ingeniero Hugo Barrenechea